Pensaba que con quererla era suficiente, pero muchas veces nos hacemos una idea equivocada del amor. Lentamente Abilio había ido purgando su pena y sus por qué se fueron sepultando bajo la nieve, hasta enfriarse el sentimiento y consumirse por dentro aquella luz del alma que tanta intensidad había tenido. Se fue acostumbrando a aquella frialdad que se movía igual que el viento, como si poco a poco se fuera convenciendo que no había otra forma de querer, otras palabras que tuvieran que ver con la dulzura, otros gestos que transmitieran confianza u otras miradas que hablaran de complicidad. Empezó a vivir los sentimientos como una incapacidad que no entendía, como si estuviera incomunicado más allá de su propia afectividad..


















