lunes 8 de febrero de 2010

- RECUERDOS DE SEDA

Aquel invierno había sido más frio que todos los demás. Abilio miró por la ventana y vio como las espundias habían cubierto el camino que bordeaba la orilla del rio, por el que daba largos paseos cada atardecer. Sintió que la senda de su alma se había quedado borrada y vacía, igual que la niebla del tiempo que envuelve la memoria. Un frio indescriptible se apoderó de él, después que se dio cuenta de que ya no había vuelta atrás, porque nada es para siempre, ni los sentimientos más hondos que nos acompañan en un momento determinado. Y como en un acto involuntario se sumergió en los recuerdos, en todas las cosas que había compartido con ella desde la infancia, en cómo fue descubriendo la vida a su lado, en cómo le trataba y todo lo que le enseñó. Aunque se creía inmunizado después de tantas desilusiones, no pudo evitar que su razón se viera doblegada ante aquel sentimiento tan voraz que de repente se apoderó de él y le dirigió la mirada hasta detenerlo, al pasar por delante de la habitación que permanecía con la puerta entreabierta. Aquel olor a cerrado tan penetrante, que le trajo a la memoria las largas sesiones de lectura bajo la luz de color membrillo, las cortinas moradas que llevaban incrustadas las huellas del tiempo, los portarretratos perfectamente alineados que mantenían vivas las sonrisas y aquella sensación de malvivir, la misma con la que ella afrontó los últimos años desde su silla de ruedas mirando al rio como ausente, mientras los demás deambulaban a su alrededor, hasta que su voz de seda, muy dulce, se fue apagando lentamente. Se puso la chaqueta de piel marrón, recogió la cartera que siempre dejaba en el butacón al lado de la ventana, se peinó el cabello hacia atrás con las puntas de los dedos y salió cerrando la puerta lentamente, como si por algún motivo extraño evitara despertar a quien ya no permanecía a su lado. Quién sabe si las cosas hubieran resultado distintas si no se hubiese comprometido de aquella manera, pero lo cierto es que la felicidad es tan frágil, tan fugaz, que muchas veces es incapaz de superar los dobleces de la vida y nos hace víctimas, porque no habrá nada más después de ella
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jueves 4 de febrero de 2010

- DESGARROS DEL AMOR

Es posible que el mañana se pinte de colores, que la imagen opaca cambie de tono, porque puede ser distinta, porque pueden resonar de nuevo los sonidos en la plaza amanecida, para llenar el aire con el grito de una nueva esperanza, mirando más allá de la sombra… porque querer es algo más que una costumbre
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En este destino invisible
de tiempo rebelde
que marcó tu rumbo
de amante improbable
de pena en el alma
de amor solitario
de sentimiento esquivo
como el polvo frágil
que cae de la piel
como sal en los labios
que se lleva la lluvia
como trozos de tiempo
que fueron muriendo
de forma indecisa
con el vaivén del amor
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miércoles 27 de enero de 2010

- LA MIRADA AZUL DEL CUADRO

Este relato está relacionado con otro publicado hace algunas semanas: http://beker-pensamientos.blogspot.com/2010/01/una-manana-gris.html
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Hacía algún tiempo que durante una comida había oído comentar a sus compañeros de trabajo, que iban a traer al Museo de Arte Contemporáneo una nueva exposición interesante del pintor italiano Modigliani. Aunque por esa época no estaba especialmente interesado en nada, y en las reuniones en las que participaba permanecía gran parte del tiempo ausente, sumergido en sus propios laberintos, se quedó con algunos de los comentarios que intercambiaron relativos al artista. Especialmente aquello que dijo Ana, que había visitado una exposición en Paris. Comentó del pintor que lograba captar tan bien las expresiones, las emociones, que aquellos que en algún momento habían posado para él, decían que era como si en realidad hubiesen desnudado su alma. Aquel viernes, ojeando el periódico de mañana antes de entrar al trabajo, leyó la noticia de que esa tarde era la inauguración. Pensó que podía ser una alternativa posible y tal vez, hasta interesante. Desde que se mudo de casa y se rompió el vínculo afectivo que le daba sentido a sus días, igual que se desprende el cordón umbilical que alimenta la vida antes de nacer, el par de cervezas que tomaba con los amigos el viernes almediodía al salir del trabajo, era el preludio de un fin de semana que siempre se ponía cuesta arriba y que había que empujar de alguna manera, llenándolo de actividades, las que fueran, con tal de no enterarse del tiempo y no recuperar los recuerdos. Vivía siempre detrás de sí mismo, persiguiendo el destino que se había convertido en una presa escurridiza en medio de una tormenta irremediable, en un paisaje solitario en el que se sentía tremendamente frágil. Por eso había adoptado esa postura de ir salvando los días, con una pasividad contenida, retando las distancias cortas y limitándose simplemente a esperar, porque a veces los proyectos, aunque se hagan consigo mismo, importan poco o no sirven de nada.
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Se levantó temprano, porque quedarse en la cama era alimentar el riesgo de que los pensamientos impertinentes volvieran a ocupar su cabeza, miró por la ventana para ver la intensidad de la lluvia que escuchaba repiquetear de vez en cuando y se vistió con parsimonia. Aparcó el coche en el primer sitio libre que encontró, porque aún faltaba tiempo para que abriera el Museo y le apetecía andar, sentir ese aire fresco de la lluvia en la cara a esa hora de la mañana en la que todavía había poca gente en la calle. Nada más llegar al patio de entrada del Museo se quedó inmóvil delante del cuadro de la mujer de la mirada azul, como atrapado por aquellos ojos dulces cargados de misterio, que le miraban sin parpadear, como entendiendo su sufrimiento, en un dialogo silencioso. Permaneció allí quieto delante de la imagen, con la que había establecido una relación de complicidad tan cercana como para permitirse llorar abiertamente, sin poder parar, durante mucho rato, como si con las lágrimas quisiera abrir un surco que le separase del resto de su vida.
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Salió del Museo sin una idea fija de qué hacer. De manera instintiva se puso a caminar, para liberarse de la tristeza que le golpeaba por dentro, sintiendo como el viento de enero removía las copas de los laureles de la Rambla produciendo un rumor lejano. Después de algún tiempo que no pudo precisar, se detuvo en una cafetería con suelo de madera en la que al entrar sonaba una campanilla, para avisar de la llegada de alguien al local. Se dirigió a la barra, ocupó un taburete de la esquina que estaba junto a la ventana del fondo y pidió un cortado leche y leche. Allí, sumido en sus pensamientos, oyó de nuevo la campanilla y unos pasos que sonaban sobre la madera y se acercaban lentamente, firmes, acompasados. La mujer se sentó cerca y colocó con esmero el abrigo en la butaca de al lado. Pidió un café corto y cuando estaba terminando de fumar el cigarro que había consumido lentamente, le preguntó si sabía dónde estaba el hotel Taburiente. Cogió una servilleta del bar y le dibujó de forma gráfica un plano aproximado para situar la calle y el recorrido más fácil para llegar. Desde el primer momento, desde la primera vez que la miró, sintió una sensación extraña, porque allí estaba la misma mirada que tenía la mujer del cuadro. Era una mirada confiada, limpia como el cielo azul, una mirada de balsa para los tiempos de tormenta. La mujer le agradeció la información y empezó a recoger las cosas. En el momento de marchar, los dos quedaron de pie, uno frente al otro, tan cerca que podía oler su piel y su perfume. Durante un instante que le pareció infinito, se estrecharon la mano suavemente. Ella le miró por última vez y le dijo muy despacio, como deteniendo las palabras: “Me llamo Valeria, y también yo tengo que remontar muchos días que se me hacen insoportables”. Y nuevamente los pasos, ahora alejándose como un eco, dejando el aroma impregnado de su presencia. Quiso detener el tiempo para siempre, borrarlo todo y empezar a partir de ese momento, como si lo que hubiera hecho hasta ese día fuera esperar por ese instante. Intentó decir algo, pero cuando se giró, la puerta ya se había cerrado y ella había desaparecido como la niebla.

viernes 22 de enero de 2010

- CONFIDENCIAS CON EL MAR

Mar de costa, mar de adentro, mar amigo, mar de siempre… tú que eres mi voz, que moldeas mi memoria, que haces dejar atrás el muro infranqueable de la vida para compartir confidencias, enredado en la afinidad de tantos sentimientos que se reflejan en el espejo de tu calma; seguro que me darás alguna respuesta del pasado, para liberarme de él, porque el pasado fue presente vital, orgulloso y apaciguado, antes de hacerse definitivamente pasado, antes de vencerme… tendré paciencia para recorrerlo limpiamente
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En este camino adverso
con el misterio y mi sombra
voy perdido a la deriva
hasta llegar a tu encuentro
para sentir en tu orilla
tu latir y tu semblante
y derretir en tu espuma
este llanto que me abrasa
y ahogar en cada ola
estos besos que no he dado
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martes 19 de enero de 2010

- UNA MAÑANA GRIS

Aquel día plagado de incertidumbres no apuntaba nada nuevo. La misma sensación de rutina con la que se desplazan los días cuando la vida discurre como la de un naufrago a la deriva, que se empeña en agarrarse a la última madera que se tambalea, como si jugara a un equilibrio macabro. Y es que andaba en juego algo más que resarcirse de su propia dignidad, cuando ya se han agotado las palabras y en el horizonte despunta el brillo de la desesperación. En la mesa de madera que ocupaba en la esquina del bar que frecuentaba diariamente desde hacía ocho años, en la que muchos habían ido dejando impreso el nombre o la frase que un momento cualquiera lo había significado todo o al menos les había resultado lo suficientemente significativo como para dejar constancia de su existencia, permanecía descuidado el sobre con el borde despellejado, que denotaba la urgencia con la que había sido recibido y la precipitación con la que quiso apoderarse de su interior. Al lado, al borde mismo de la esquina, el folio perfectamente plegado que había vuelto a leer de manera descuidada, entre sorbo y sorbo de café, casi como si fuera la primera vez, aunque en realidad conocía de aquel escrito el contenido, el tono y hasta las últimas consecuencias de lo que suponía. Con movimientos lentos, colocó el papel encima del sobre y se pasó lentamente la mano por el cabello, como si en aquel gesto autómata y casi involuntario pudiera encontrar un resquicio por el que escapar hacia una zona más tranquila de su existencia, ahorrándose todos esos posibles motivos que le habían llevado a esa situación de inquietud ansiosa con la que caminaba día a día, algo ya reconocido, inevitable, pensaba, porque la vida muchas veces no permite hacer elecciones. Levantó la cabeza y su mirada se perdió a través de la ventana, deteniéndose en un cielo plomizo lleno de pliegues que parecía a punto de caerse, otra prueba más de que las circunstancias muchas veces se ponen en contra y no las salva ni la distancia. Sólo el sonido agudo y tintineante de la campanilla de la puerta del bar y el taconeo armonioso e inconfundible que resonó acompasado sobre la madera, le devolvió a la realidad. Quiso cerrar los ojos, pensar en otra cosa, pero ese olor tan familiar le envolvía y le negaba cualquier resistencia, hasta el punto de no reconocer si determinadas cosas habían dejado realmente de ocurrir bajo aquel cielo tremendamente irreal que amenazaba otra tormenta.
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jueves 14 de enero de 2010

- EN ESTE LARGO TIEMPO

Dentro de esta serie de colaboraciones con amigos blogueros que venimos haciendo, para este mes hemos contado con la ayuda de Arantza G. a la que agradezco mucho su interés y entusiasmo en esta tarea que hemos compartido. Del trabajo conjunto que hemos realizado ha salido este pensamiento.

Después de tanto tiempo
retomo los recuerdos
aquellos que me hirieron
aquellos que no olvido

Después de tanto tiempo
de mirar con nostalgia
buscando entre secretos
tus pasos que me niegan

Después de tanto tiempo
de esperar con ansia
la alianza de tus brazos
que amarre mi deriva

Después de tanto tiempo
de seguir a la espera
el eco de tu ausencia
recorre la amargura

Después de tanto tiempo
a la orilla de tu vida
me llegan tus susurros
en los soplos del silencio

Después de tanto tiempo
atado al desencuentro
descubro la esperanza
desnuda y con mordaza

Después de tanto tiempo
que espero tu llamada
mi voz no tiene dueño
la noche me reclama

Después de tanto tiempo
viviendo entre penumbras
la sombra del olvido
silencio este sentimiento

http://www.youtube.com/watch?v=QtqADo-D3mQ

lunes 11 de enero de 2010

- EN EL OCASO DE UN BESO

Y en este ocaso frio
que dejó el roce fugaz de un beso
vivo esperando de lejos
que me quieras, quizás algún día
aunque no te espero
porque sólo quiero
que desocupes mi memoria
y esa densa niebla
salga de mi piel
para habitar otro sueño
lleno de palabras
vacio de silencios
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